• Rosmary Sánchez Zavala

Las 3 R para activar el cerebro aprendiz cuando hay rabietas



Cuando un niño experimenta una emoción abrumadora (enojo, miedo, tristeza) su cerebro entra en modo instintivo, activando funciones primitivas de defensa que le llevan a elegir la lucha, la huída o la paralización como modo de actuación para contrarrestar los efectos de la tensión que las emociones de este tipo producen.

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En términos generales el niño necesitará del adulto (mientras más pequeño más) para apoyarle, acompañarle y guiarle en la gestión emocional dentro de este rango de experiencias en todas las situaciones que vive. De allí la importancia de conocer estos pequeños elementos, para conectar con rutas y acciones que potencien en el niño el cerebro aprendiz, logrando atender a su necesidad real, pensar sobre posibles soluciones y reflexionar o aprender sobre lo vivido.

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El Dr. Bruce Perry, neurocientifico plantea la ruta de las 3R para alcanzar el cerebro aprendiz, en este post te planteo como funcionan.

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  1. Regular: En este paso, el trabajo de acompañamiento se centra en ayudar al niño a calmar su respuesta de lucha, huída o paralización. Mantener una actitud calmada, tono de voz armonioso y una postura y gestos no amenazantes puede ser una clave fundamental en el trabajo de este paso. Algunos niños permiten la contención física (ser abrazados, cargados, acariciados) o verbal (hacer sonidos rítmicos, decir frases que calman), mientras otros prefieren el silencio y la poca proximidad del adulto, identificar esto es importante, para no invadir al niño en el proceso. Es importante centrar la atención en procurar la calma y regulación (cambiar la temperatura, invitarles a respirar, darles agua, ofrecerles ayuda, etc), sin acelerar este proceso o presionar para que se dé. Si nos sentimos abrumados, es preferible tomar una pausa, antes de obligar al niño a llegar al equilibrio. Conforme el niño va creciendo, las habilidades de regulación se van madurando y les es más fácil no caer presos de la testosterona que desplaza el cortisol en el cerebro.

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  1. Reconectar: Una vez el niño suaviza las respuestas de enojo, aparece el momento para relacionarnos y darle paso a las emociones, nombrarlas, validarlas, integrar la experiencia a la idea de que el niño se sienta seguro emocionalmente, amado, respetado y valorado. En esta parte del proceso, podemos tocar suavemente, mimar, cargar, acariciar, recordarle lo que sentimos por ellos y hacerle ver desde nuestro punto más empático que estamos allí para ayudarles a solucionar eso que puede resultarles complejo.

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  1. Razonar: con el niño ya calmado, ya emocionalmente conectado, iniciamos el trabajo de construir junto al niño los aprendizajes de estas vivencias. Ya el cerebro frontal habrá tomado protagonismo nuevamente, y el control de los impulsos estará prominentemente más presente, lo que ayuda a reconstruir la experiencia para aprender de lo vivido, introducir frases mantras de aprendizaje, hablar sobre lo sucedido, permitirnos pintar la experiencia, leer cuentos sobre ellas y darle al niño la sensación de que puede solucionar o resolver luego la situación con recursos nuevos, que han surgido como resultado de la vivencia.

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Recuerda que estos episodios son invitaciones a aprendizajes y a poner en marcha nuestro rol de acompañantes, más allá de ser retos o experiencias pesadas, nos ayudan a encontrar puntos en nosotros para sanar y aspectos para trabajar junto a nuestros hijos. Si estás experimentando estas situaciones y requieres acompañamiento, no dudes en consultarnos y pautar con nosotros una #ConsultaOnline. Escríbenos a info@mipsicomama.com para detalles del servicio.



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